Otra de las cualidades de los españoles es el llamar al pan, pan y al vino, vino. Las colas son culos, las pajas, pajas y las pijas, pijas. Y de todo se habla sin eufemismos sino en castizo.
Y sin perder el humor. Veamos como el Nobel Camilo Jose Cela comenta el episodio mítico del Cipote de Archidona:
Introduccion didactica
Cierre y comentario
Menos Freud y más al toro.
Y aqui, don Cela da otra clase sobre pedos -un sentido homenaje- en puro y rotundo castizo:
Para quienes estamos en el tercio final de esta corrida tirandonos al ruedo para escribir, valen estas sabias y burlonas escenas de La Colmena, donde Camilo Jose Cela y Jose Rabal lo ponen bien y claro.
Uno termina haciendo lo que mas teme, lo que mas le cuesta, supongo. Escribir es una actividad solitaria , como dijera el maestro Hemingway al agradecer su Nobel por El Viejo y el Mar.
Y por supuesto, se falla y se sufre mas de lo que se acierta, sobre todo para los cagones que comenzamos tarde, pero la alternativa es peor. Vivir para satisfacer los deseos o imperativos de otros , sean padres o clientes, no es mucho mas sabio.
Los que tienen certezas absolutas o creen en el mas alla lo pasan mejor, seguramente, como dijo con una claridad que le envidio Fernando Fernan Gomez
Este friso es mi manera de escribir y compartir una libreta de apuntes con los que están más cerca de mi cabeza en este aquí y ahora.
Tal vez explique las muchas y erráticas vueltas que doy al escribir lo que me asalta la cabeza.
Están todos invitados a hacer lo mismo, no sean cagones.
La semana pasada, a los 89, se nos fué Berlanga, el autor de tantas inolvidables, humorosas y poéticas observaciones de la españolidad, como la extraordinaria "Bienvenido Mister Marshall" -que supera al burdo antiamericanismo de la izquierda stalinista con una maravillosa observación de la verdadera naturaleza del "galleguismo"-
Berlanga -español hasta la médula- nos hizo reír con las sagaces observaciones de la hispanidad desatada -como esta escena donde los "gallegos" se regalan más que se venden a sus presuntos benefactores americanos y terminan pagando la transformación de su pueblito en una aldea de Walt Disney
O la igualmente maravillosa "Calabuch" , donde otro igualmente espanolisimo pueblito da asilo a un delirante cientifico yanqui actuado por el octogenario Edmund Gwenn para que les ayude a construir un cohete balistico para ganar la tradicional competencia de fuegos artificiales con las aldeas vecinas.
O "La Escopeta Nacional", en la que una arruinada aristocracia -el marqués de Leguineche- alquila su castillo con sus condes adentro, para que los visiten como a los animales de un zoológico.
Y su secuela "Patrimonio Nacional"
Y los dejo finalmente con el mismo, inimitable e irrepetible Berlanga.
Este fue un momento de calma en medio de una orgía de violencia -Deliverance en inglés- que vimos juntos en 1969 antes de sufrirla los siguientes 10 años.
Quise compartir ese momento de calma, en el que un verdadero pobre le muestra a los intelectuales que lo visitan una chispa de su pasión y una muestra de la brecha entre su mundo y nuestras intelectualizaciones.
En nuestro sur, Sixto Palavecino hizo lo mismo con la musica
Y Juanele Ortiz -casi tocando el orientalismo- con la poesía
Este video me recordó los días en que les leía los versos que había recién descubierto, traducidos, que me conmovieron entonces como una proclama de liberación y me conmueven ahora como un himno a la (esa palabra que los progres no usamos) libertad.
Whitman -como su predecesor Thoreau- le cantaba a las hojas de pasto, a los simples ejemplos de todo lo que crece sin pedir permiso.
Hoy lo celebro con ustedes, amigos -antes de irme a dormir en Buenos Aires-, con el mismo entusiasmo con el que se los leía en los médanos de Gesell.
Que es lo mismo que nos cantaba su alumno Bob Dylan
O mi favorita, "Like a rolling stone":
Y lo que repetían para nuestros años mozos en Easy Rider cuando cantaban "Born to be wild" (nacido para ser salvaje, libre)
Todo este río en el que hemos nadado viene de esta serena fuente:
Si hay algo que aprendi y admiro de la democracia americana es su entronización del poder y el valor del ciudadano -el hombre común.
Mucho de lo que siento fue compuesto por Aaron Copland -el Ginastera americano-
Cuando cantamos nuestro himno argentino decimos tres veces ¨Libertad" -la palabra prohibida que es la clave que nos dejaron nuestros sublevados y libertarios fundadores.
Aquí va para el disfrute esta típica amalgama americana de la mano de Bernstein y Gershwin para que disfruten de lo porteños que son los americanos -y/0 viceversa-. amigos:
Convivir con gatos es peligroso. Someto mis evidencias al jurado. Esto me llegó de la amiga que entrena gallinas para cantar tango en el Delta y el problema es que le creo...
Tras las clásicas 14 horas de vuelo, ya he aterrizado en la Reina del Plata, con todas las valijas que me fueron encomendadas para seguir componiendo el nido uruguayo y -tras las ceremoniales ingestiones de anchoas y fugazza en Guerrín y el feca en La Paz- me dispongo a hacer la del gato y dormirme una corta siesta -que los anglosajones sabiamente bautizaron "siesta de gato" ("cat nap")-
Inhalados los escapes y esquivados los transeúntes y vehículos kamikaze que recuperan los reflejos portenos, estoy en los lugares y teléfonos locales conocidos.
Este film de animacion del National Film Board de Canada me recuerda a Norman McLaren -te acordas Estela de las funciones en el cinecito del Hogar Obrero del lado de Rosario que organizaban nuestras madres?- y nuestra infancia.
La he usado muchas veces para iniciar discusiones de Filosofia o simplemente para conectar a los que trabajan en cuestiones de detalle con las consecuencias y el impacto en el afuera de lo que hacen.
El mundo es un guante reversible que usamos medio a ciegas.
Pero ahora que estoy en la cuenta regresiva para el avion rumbo a la Reina del Plata y los amigos de la infancia y juventud -esa celula primitiva- desde esta otra galaxia en la que vivo, me viene a la mente esa rara armonia del mosquito en el brazo conectando el afuera -de donde vengo- con el adentro -adonde voy y me siento llamado-.
Asi como Borges encontraba el Aleph en un escalon oscuro de una casa de Buenos Aires, yo lo suelo encontrar en calles perdidas en las que soy a la vez presencia y fantasma de otras visitas muy anteriores.
Esto es para avisarles que vuelvo -como los novios y los cobradores- sin que me llamen, sin excusas ni remedio, para verlos una vez mas.
Un abrazo -y los dejo con el maestro Ravi Shankar (por el afuera) y Jacques Tati (por el adentro) que son los Ying y Yang de mi Cosmic Zoom-
El Flaco
Adentro -como me siento cuando camino por Buenos Aires-
Y en la vieja Costanera (hoy "reserva ecológica")
Afuera -como me siento cuando camino por otros pagos-
Comenzar una historia con una simple elección de palabras es el 90 por ciento del arte de narrar. Por ejemplo, comenzar como Isak Dinesen en "Out of Africa" con "Yo tenía una granja en África":
Y seguir con los cuellos de las jirafas meciéndose como juncos en el viento.
O arrancar como Hemingway en "El Viejo y el Mar" con "El era un viejo pescador que pescaba en la corriente del Golfo y había pasado 53 días sin pescar un pez"
O como el Moby Dick de Melville "Llámenme Ismael..."
Con tal de que termine como Casablanca...
Todo está perdonado.
Ahora, siéntense en el fogón y empecemos a contar nuestro cuento de esta noche -aunque solo sea para dormirnos nosotros mismos-
Ahora que vamos carreteando en la vuelta de la pista, qué tal si nos damos el tiempo para ver las cosas como son?
Aquí una muestra de esa joyita de film de Tomás Gutiérrez Alea, "Guantanamera", que sin declamarlo -como en las elegías mentirosas de nuestros años setentas- lo dice todo sobre los cubanos, sobre la mentira socialista y las verdades de la corrupción tropical y latina.
Y esas mujeres carnosas y cojonjudas que no se callan una ni la perdonan.
Salud a todas ellas, que enterrarán bailando a los Castros y sus burócratas lameculos.
Y claro, me viene a la mente Celia Cruz clamando que "le den candela, que le den castigo" a estos "muchachitos progresistas"...
Y ahora si, me despido deseando que llueva café en el campo
Hoy me atreví a poner de nuevo el concierto para violin de Bach en D Menor (lamento que mi ignorancia de teoría y solfeo se hay extendido a la conversión de notas del castellano al inglés) que tanto le gustaba a Mariano Sr. (como le dicen en esos pagos).
Mientras escribo estas líneas lo escucho en la versión de Izhtak Pearlman, Pinchas Zukerman y Daniel Barenboim -tres compinches en mi vecina Sinfonica de Chicago- . Esto es lo que más se le acerca -extraído del maravilloso Youtube- para compartirlo con ustedes:
Bach -como mi viejo- me remite a una aspiración humanista desmesurada, que se detiene a pulir cantos rodados en diamantes en medio de tanta cacofonía bocinera y bailantera -y a darnos un respiro tomando distancia de nuestras propias impaciencias y exabruptos cotidianos (se nota que anduve por la calle esquivando motoqueros?).
Pero cualquier cosa que tratemos de hacer que nos valga la pena -criar hijos, mantener relaciones armoniosas, escribir libros o silbar un buen tango- es probablemente una nota de Bach y a su revolucionaria, profunda y compleja catedral de sonidos.
Salute a todos, y sobre todo al señor Juan Sebastián
Nunca me voy, siempre estoy volviendo al pago -decia Discepolin-. Me quedo hasta el 20 de febrero a disfrutar del caos porteño y las veredas que me cantan con Fred "es un día de suerte" porque los vuelvo a ver.
Estoy en el aguantadero de siempre, respirando los escapes de los colectivos, la neura del local y el despiste del visitante.
Hoy que camino otra vez por Corrientes esa larga caminata después del cine que comenzó cuando teníamos tan pocos años, no puedo menos que evocar la hermosa escena final de Cinema Paradiso con sus besos recuperados y agradecer las emociones y las ilusiones, el vuelo poético, el abandono de la realidad por la fantasía con la que -desde mi infancia, con sanguches y continuado- esa linterna mágica nos enseñó a volar y soñar desde una butaca.
Miguel Angel se fue con el 2009, en el caluroso diciembre. Lo encontró el portero de su pensión sobre Avenida de Mayo, alertado por los que lo extrañaban en su puesto de batalla, sentado como el linyera oficial en la entrada de Liberarte, en la calle Corrientes.
Éramos amigos desde que volví, riéndonos de las típicas gansadas y locuras porteñas, intercambiando ácidas ironías ("el hambre avanza" -nuestro saludo oficial-, "cansado de tantos éxitos" -la habitual respuesta a "cómo te va"-, "sobrevuelan los albatros" -nuestro veredicto sobre el futuro inmediato).
Tenía una melena y barba canosa que lo hacían parecer una réplica porteña de Carlos Marx instalada frente a la librería del PC, tachonada de esas reliquias ideológicas que -como el tango- obsesionan a los porteños de mi generación.
Cuando lo veía -un Carlos Marx sentado en la vereda sosteniendo el edifico- no dejaba de preguntarle al librero cuándo le iban a pagar los derechos de autor del abuelo -por supuesto, tratándose de viejos comunardos, tenían entrenados cocodrilos en los bolsillos y me miraban con cara de "qué tomaste?, acá vendemos libros sobre la revolución social, para uso externo"-
Miguel Angel era un hermano de la calle porteña, un tipo fino, humoroso, que vivía como un pez en un rincón de su laguna, saludando a los que le importaban y quería con un abrazo antihigiénico (no creía en las duchas) que iniciaba diálogos irónicos que convertían la calle en una extensión de La Paz.
Se fue, le pusieron una placa para recordarlo.
Me ganó de mano -aunque sabía de mi pedido de que tiren mis cenizas en esa precisa esquina con música de funeral de jazz-. Aqui les dejo la inquietud:
Me suelo repetir para consolarme y despedirte, amigo, algunas de las palabras con las que tu admirado Marti se despedia de su madre:
"Madre mía: Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en usted. Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y, ¿por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? “Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que usted pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca”.