martes, 11 de enero de 2011

Maria Elena Walsh sigue cantando dentro nuestro



Nadie como Maria Elena Walsh ha dicho lo que dicen por y para mí vida personal estas dos canciones que compuso con una distancia de 30 años.

En Serenata para la Tierra de Uno, me explicó antes de vivirlo las razones contradictorias por las que vuelvo al pago.

Como la Cigarra me acompañó cuando me encontré primero enterrado y luego exilado por razones absolutamente personales y no políticas

Entre las dos canciones y los 30 años que las separan, canté a mis hijos chicos el Twist del Mono Liso y cómo al Este y al Oeste llueve y lloverá una flor y otra flor celeste de jacarandá.

Esta increíble persona, que tenía ojos y mirada tan liricos como su poesía , nos hizo personas a todos y sigue cantando dentro nuestro, con su voz triste y afinada, sin estridencias operísticas, las profundas verdades intimistas que brotaban del manantial de talento que llevaba dentro y con el que me contó cosas que sólo yo sé y nunca, nunca, olvidaré.

Nos seguimos viendo en las calles y plazas de Buenos Aires.

jueves, 6 de enero de 2011

Cine entre Uruguay y Buenos Aires



Allá en José Ignacio ví Dos Hermanos, una joyita de Daniel Burman con actuaciones extraordinarias de Graciela Borges y Gasalla, recomendada por el amigo Mario y que a mi vez recomendé a Alejandra (aunque supongo que "en Europa no se consigue", según el aforismo inmortalizado por el filósofo "Ratón" Ayala)

Hablando con Alejandra me dí cuenta que -además- la película hablaba de nosotros como hermanos, en los roles cambiados. El callado y talentoso artesano de Gasalla, que cuida a su madre y luego encuentra su lugar en el mundo cruzando el río a puro labrar objetos, cocinar risotos e improvisar en medio del Edipo Rey es claramente Alejandra.

Y yo me identifico con la impetuosa y luego introspectiva Graciela Borges, que pasa de los negocios inmobiliarios a los afectos fraternales y descubre también un final de juego para ella.

En el tercio final de la vida, el minimalismo y la concentración en el sentido que tan ejemplarmente muestra Gasalla en su improvisado monólogo intercalando humor y sutileza en medio de la grandilocuencia del Edipo Rey me atraen cada vez más.

No es fácil aprender a hacer hablar a los silencios, pero qué poderosos que son...

Aqui los comentarios de Borges y Gasalla

Y aquí los de Burman

Y una espiadita del rodaje

Buenos Aires, ciudad liberada



A la vuelta de las playas uruguayas, me encontré con la Buenos Aires que más me gusta: una suerte de inmenso balneario liberado de bañistas partidos a invadir las playas que había dejado en paz.

Una ciudad con sitio en los restoranes, en la que a la mañana se puede ver desde la Torre de los Ingleses la Pirámide de Mayo caminando Reconquiesta (noto con sorpresa los extraños ecos de Ingleses, Reconquista y Pirámide de Mayo) , despojada de cortes y piquetes, magra de basura, llena de gente que no habla castellano ni sabe dónde está.

Una Buenos Aires en la que me puedo encontrar perdiéndome en las calles ahora reconocibles.

Una Buenos Aires que me recuerda a la París liberada encendiendo sus luces en una vieja película (la última) de René Clement:


En donde me imagino campanazos del Cabildo anunciando que -por unos meses- se respira libremente y se encienden las luces en el atardecer para festejar la belleza de la libertad -esa palabrita censurada por el "progreso"- y sentir el viento suave de la tarde y las lluvias inesperadas que se dejan disfrutar desde una mesa junto a la ventana de La Paz. (vaya nombre, no?)

Claro, eso sentí durante los años del onganiato, el videlato y el galtierato. Y ahora me doy cuenta que también...

Seguiremos soñando con las campanadas y el aire fresco, aunque sea por unos días.