Nunca me voy, siempre estoy volviendo al pago -decia Discepolin-. Me quedo hasta el 20 de febrero a disfrutar del caos porteño y las veredas que me cantan con Fred "es un día de suerte" porque los vuelvo a ver.
Estoy en el aguantadero de siempre, respirando los escapes de los colectivos, la neura del local y el despiste del visitante.
Pongamosle un triple
Llamen, desgraciados!
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