Me crie escuchando el Bach y el Mozart de mi viejo (salpicado on algun Beethoven). Saturado por la repeticion de sus 10 LP, tuve la clasica reaccion adversa: huida, buscar otra musica, cierto fastidio con Bach que por repetido me parecia obsesivo como mi viejo.
Asi recurri a D'Urbano (Como formar una discoteca) y forme una chiquita mia que se quedo mi viejo cuando a los 26 me fui a vivir on mi primer mujer y su hijo de 6 que escuchaba y rayaba sus discos de Piluso. Como los libros que deje (a mi mujer no le gustaban las bibliotecas) me los lleve en mi espaciosa memoria.
Con D'Urbano descubri que hay versiones y que son diferentes en ritmo, enfasis, estilo y sonido. Me he quedado con una idea de ritmo que hace cuatro decadas era rapida y hoy es lenta. Y cuando vuelvo a escuchar a Bach y Mozart -ahora con su obra completa- me quedo con el ritmo y sonido que me permite a mi escuchar las frases y las ideas de ambos.
De Bach los Brandeburgueses -primero el sexto, primer y segundo movimiento y luego el quinto, igual- Prefiero los Allegros a los Adagios y los pianos a los clavicordios. Misas y musica religiosa no gracias.
Aqui, amigo, tenes una muestra en el video en el que me quedo con la primer grabacion de 2001 antes que las mas aceleradas posteriores (la segunda me parece comica por el apuro como el Vals del Minuto en un Minuto que cantaba Nacha Guevara)
No estoy nunca con la moda. prefiero el estilo como aconsejaba Oscar Wilde. Nunca tuve gusto, siempre tuve mi estilo.
Y ahora, a solas, escucho a Mozart (conciertos, Flauta Magica, favoritos de los 200 que recorro haciendo eliptica mientras leo Kindle en Marcelo T) y a Bach.
El circulo se cierra y me imagino a mi viejo escuchando dichoso por detras.
Vos nunca me contaste. Pero tambien se que espias mientras te tomas un vino.
Ayer murió Javier
Martinez de Manal, y un amigo me aviso y se me ocurrió escribir eso. Sobre el
músico recordé esto: Manal y Almendra, Martinez y Spinetta son dos de los tres
"rockeros" (eran mucho más que ese rotulo) -el otro es Lito Nebbia-
que llevo en mi memoria adolescente, más bien lírica y bohemia, más estanque o río
que tormenta ruidosa, más poética que panfletaria.
La gente tiene la
mala costumbre de morirse físicamente. La que nos hizo compañía no se va hasta
que nos vamos. Es portable en la memoria. Las grabaciones, las letras y las
partituras prolongan el arte pero no la experiencia original. No se puede
traducir los 17. Los libros vuelven a la vida cuando los leen. Ahí la vida es
un encuentro nuevo entre un autor ausente y un lector presente. Una
forma más creativa de resurrección.
Ya que estoy
escribiendo varias piezas que comencé con amigos que no están, hice una pausa
para escuchar esa canción que por la misma razón nostálgica nadie canta como
Amelita Baltar
Y al escucharla
disiento porque cuando la oigo vuelve todo aquello como si fuera ahora. La
resurrección de la buena memoria queda probada una vez más,
gracias a la música
Los leo, me leo ,
y aparecen en la calma de la lectura. Escribo y vuelvo a conversar, Escucho su música y vuelvo a
vivir esa primera vez, pero también -y como!- todo lo que ahora soy capaz de
escuchar y pensar y antes se me escapaba.
Cuando escribo y
escucho vuelo con mi bandada de pájaros perdidos que siempre vuelven de adentro,
del mas aca.
Hace unos pocos días te llame, amigo Luis Fernando, esperando verte en Madrid si viajo como deseo en Octubre.
No me contestaste y llame a tu casa para enterarme que dos meses atrás te habías ido de una pulmonía como el personaje de Machado que eras. No encontramos con tu viuda, Pilar, palabras para agregar al silencio de la congoja. Las dire en Octubre cuando vaya (si voy, que ya comprendo que ese tren que te llevo puede pasar también por mi antes que el avión)
Creo, amigo Mario, que te conte de Luis Fernando, que nunca viste y del cual no tengo una sola foto aunque recuerdos imborrables que te relate en nuestras noches de Marcelo T de Alvear.
Entre esos recuerdos esta el inicio, cuando tu, Luis Fernando, trabajabas conmigo en el INAP como consultor del PNUD, con un jefe uruguayo y colegas de Chile y la Banda Oriental,
Como olvidar nuestro comentario socarrón allá por 1979 mientras mirabas espeluznado desde el balcón junto a la Catedral la Plaza de Mayo llenarse de descerebrados que vivaban la posible guerra con Chile por unas islas de mierda junto al Canal de Beagle. Recuerdo haberte tratado de explicar nuestra "indiosincracia" y como me atajaste con un sabio "pero Mariano, si sois gajos de nuestro mismo árbol!". Y pasamos entonces a chichonear al colega chileno con enviarlo a la plaza con una bandera blanca.
Nuestra segunda y tercera noches de balcón llegaron en 1982 con la plaza llena para vivar la breve y disparatada (criminal, agregamos en voz baja, los dos únicos contreras entre docenas de fanáticos vivando al dictador odiado que se había convertido de un día para otro en héroe nacionalista -o "nazi-onanista", con un neologismo que acuñamos apostando cuantos días tardarían los ingleses en sacarnos con el rabo entre las piernas -y las orejas también, como un matador que hace una faena notable).
En la tercera, claro, escuchamos 40 y pico de días mas tarde, a la misma multitud quemando tachos de basura y cantando la copla al dictador convertido en mariscal de la derrota colectiva: "!Galtieri, cornudo, el pueblo no es boludo!". Nos volvimos a partir de risa comprobando que si, que el pueblo es boludo y no quiere aceptarlo. De hecho, el mismo pueblo que habia comprado el cuento de la toma patriotica como boludo termino reaccionando brevemente como cornudo que se toca la frente, y confirmo nuestra desconfianza hacia "el pueblo". Brindamos en secreto por Margaret Thatcher, que nos había por fin, sacado de encima esa dictadura.
Luego recuerdo las noches de peña y vino en Salta, en Lo de Balderrama, celebrando el final de tu estadía en Argentina con otro congreso de Administración Publica olvidable salvo por los errores del locutor al mal pronunciar el apellido de nuestro jefe, afrenta a su notoria falta de merito celebrada con nuestras carcajadas y aplausos escondidos en las sombras del anonimato que a veces cobija a los contreras.
Veinte años despues nos reencontramos en Madrid y fuimos de tapas y copas con mi segunda mujer y una de tus encantadoras novias. Recuerdo nuestro ultimo encuentro en la plaza de La Platería que luego puse en mi novela corta impublicada "A Spanish Story" , párrafo que que te lei, Mario, traduciendo al castellano.
Eras el Don Diego de Machado, aunque madrileño de pura cepa antes que andaluz, querido amigo. Cuando camine Madrid vas a estar escondido en algún café, espero, No puedo aceptar que te hayas ido y cumpliré con mi amenaza de matarte si te llegabas a morir antes que yo, aunque me llevaras unas décadas.
No puedo imaginarte muerto, quieto, serio o triste. Prefiero pensar que te has ido a esconder al Pais Vasco a escuchar a mis Lobos del Arga. Es que estabas vivo con tal intensidad y alegría como solo un español de tu época, de pura cepa puede serlo. Tan bueno para la vida, la inteligencia y la ironía como el porteño de la mía para la melancolía , la amistad y el humor y amor absurdos.
Te dejo el poema de Machado que te mereces y que siempre llevo con tu imagen en mi memoria, por lo que pueda durar:
LLANTO DE LAS VIRTUDES Y COPLAS POR LA MUERTE
DE DON GUIDO
Al
fin, una pulmonía
mató a don Guido, y están
las campanas todo el día
doblando por él: ¡din-dan!
Murió
don Guido, un señor
de mozo muy jaranero,
muy galán y algo torero;
de viejo, gran rezador.
Dicen
que tuvo un serrallo
este señor de Sevilla;
que era diestro
en manejar el caballo
y un maestro
en refrescar manzanilla.
Cuando
mermó su riqueza,
era su monomanía
pensar que pensar debía
en asentar la cabeza.
Y
asentóla
de una manera española,
que fue casarse con una
doncella de gran fortuna;
y repintar sus blasones,
hablar de las tradiciones
de su casa,
escándalos y amoríos
poner tasa,
sordina a sus desvaríos.
Gran
pagano,
se hizo hermano
de una santa cofradía;
el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
—¡aquel trueno!—,
vestido de nazareno.
Hoy nos dice la campana
que han de llevarse mañana
al buen don Guido, muy serio,
camino del cementerio.
Buen
don Guido, ya eres ido
y para siempre jamás...
Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
Yo pregunto: ¿Qué llevaste
al mundo donde hoy estás?
¿Tu
amor a los alamares
y a las sedas y a los oros,
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?
Buen
don Guido y equipaje,
¡buen viaje!...
El acá
y el allá,
caballero,
se ve en tu rostro marchito,
lo infinito:
cero, cero.
¡Oh
las enjutas mejillas,
amarillas,
y los párpados de cera,
y la fina calavera
en la almohada del lecho!
¡Oh fin de una aristocracia!
La barba canosa y lacia
sobre el pecho;
metido en tosco sayal,
las yertas manos en cruz,
¡tan formal!
el caballero andaluz.
Me suelo repetir para consolarme y despedirte, amigo, algunas de las palabras con las que tu admirado Marti se despedia de su madre:
"Madre mía: Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en usted. Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y, ¿por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? “Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que usted pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca”.