domingo, 19 de abril de 2009

Carta de Madrid

Y no era el General Turron, sino Alejandra, que mando un dossier de sus ultimos trabajos para la Universidad, que aqui les comparto por este enlace, a ver si la tenemos de visita pronto por el eter y por la Reina del Plata.

sábado, 18 de abril de 2009

Mañanas de mariposas y atardeceres de margaritas

Esa es mi definicion de "antes y despues" (yo no fumo, Marilyn, sorry). Y ese era el titulo de una hermosa cancion americana dedicada al arte de coger y al milagro del polvo, que debo agradecer al difunto Sam Peckinpah y a mis incursiones por cines de barrio que pasaban peliculas sobre esas cosas...

A que se acuerdan de "La Balada del Desierto"? Y no por el arte solamente -que Sam Peckinpah lo tenia- sino por la poderosa Stella Stevens -Dios la tenga en la gloria y la mande para pedir azucar por aqui-

Alli va, otro pedacito de cuando todo era cogible



Y ya que estamos, permitanme un homenaje a una mina de las que prendieron fuego en simultaneo a mis neuronas y a mis hormonas, la increible atorranta Faye Dunaway de Crudo de Oklahoma, ella y George Scott, dos perdedores congenitos peleando a pala partida por el petroleo en Oklahoma contra las Standard Oil.
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En esta escena antirromantica, los dos se declaran entre si y en guerra con el buitre (magnifico) de Jack Palance, nos enteramos que el nombre de pila del personaje de Scott es "Noble".

Risas merecidas y guerra hasta el final por el polvo!



Y aqui el final, donde el pozo provee un polvo majestuoso a dos voces que -como en la vida- deja algo solo para los que lo saben aprovechar:



que culmina aqui, con la extincion del petroleo y el triunfo del choclo, las gallinas y el calentador Primus que celebran la vida de quienes eligen las escondidas sendas...

Recordando el bulo a la distancia

Y si, me fui sin que me echaran, ya estoy de vuelta en Chicago, preparandome para viajar a otra parte.

Y entre las cosas que me encontre, estaba un video cortito que tome con la camarita de fotos digitales, la de bolsillo, cuando escuchaba musica en La Pulga. Ahi va:



Curiosamente, la musica era Fred Astaire cantando The way you look tonight (Como luces esta noche), una de las tantas de Cole Porter que me hacen recordar a Chicago y a Lynn. O dejemos que lo explique el buenazo de Fred:


Es decir -para ser breve- que respondo a las pautas de conducta de aquel viejito del cuento italiano que -al borde de la muerte- se la pasaba pidiendole a sus futuros deudos que "si sono morto a la montagna, entierrenme nello mare. E si sonno morto nello mare, entierrenme nella montagna" (o algo asi, con perdon del Dante)

Cuando finalmente le preguntaban porque, la respuesta no se hacia esperar "per codere"

Un abrazo desde las nieves del Kilimanjaro, les dejo unas imagenes de Ansel Adams, un fotografo que entre 1916 y 1976 vivio fotografiando las nubes y montañas de Yosemite, otro leopardo despistado perdido en nieves inesperadas, eternas y misteriosas...



La belleza memorable de estas fotos no esta en las impresionantes montañas y cañones, sino en el ojo -el espíritu- de Ansel, que las supo ver, y viéndolas, las salvó de la pulverización industrial incorporándolas a los parques nacionales. Ni más ni menos.

Y me despido del todo con otro despistado, el yorugua Zitarrosa, que cantaba Pal que se va en Mexico, donde me encontre con sus notas saliendo del televisor del hotel en una noche, 30 pirulos mas tarde. Porque claro, ahora, como el viejito contreras, tengo nostalgia del pago... de ese pago mitico que no esta ni alla ni aca, que no se ve por la ventana, sino que camina dentro tarareando Cole Porter o Zitarrosa en el lugar deliberadamente equivocado.

sábado, 11 de abril de 2009

Conversaciones para fogón: El llamado de lo salvaje - parte I

Cuando pienso en cómo me fui a vivir a Chicago y lo que tuve que hacer para reinventarme a mí mismo durante 8 años, siempre pienso en un viejo documental de un viejo habilidoso, Dick Proenekke



Yo no tuve que cortar árboles con mis manos, pero sí "cortar cables" y montar una empresa sobre un cajón de cartón, una línea telefónica y unos pocos dólares que traje conmigo. Como el amigo del hacha, tuve que hacer solito lo que antes hacía con 12 o 14 más.

Mi "cabaña" era mi PC conectada al Internet con una Webcam. Mi hacha y cuchillo eran los programas con los que -solito- armé una nueva empresa, websites, atendí mis primeros clientes en España, Estados Unidos y casi toda América Latina.

Durante dos años viajé todos los meses a Madrid para montar una empresa combinada con toda Europa y dirigirla desde mi "cabaña" digital americana. Pasé casi un año en aviones y hoteles, conectándome con cables telefónicos con mis "armadas brancaleone" de colaboradores aislados en otras partes -de Madrid a San Francisco, de allí a Kiev-

Esto lo armé solo, 10 años atrás, filmando el curso con una cámara de control remoto mientras lo dictaba en Madrid con 10 personas conectandose además por Internet y coordinando con un coinstructor en Argentina mientras nos conectabamos por videoconferencia y un proyector en tiempo real. Yo cargaba en mis manos el control remoto de la cámara y un micrófono corbatero conectado a la laptop con el que desde Buenos Aires podían oir lo que se hablaba en la sala madrileña. Lo hice porque -como el viejo habilidoso- me la estaba jugando y no sabía que no se puede hacer...



Luego vinieron tiempos mejores, y comenzó la cosecha, pero cuando recuerdo esos tiempos, me viene siempre a la mente no la tecnología sino el tiempo que pasé de pibe leyendo fascinado a Verne y a Jack London, especialmente "El llamado de la selva" (que en inglés se llama correctamente "El llamado de lo salvaje")

Lo salvaje me sigue llamando, tengo nostalgia de mochila y de atardeceres y amaneceres con silencio y fuego crepitando en alguna parte.

Vayan preparando los borcegos...

Un abrazo

El Flaco

Una vueltita más por Alaska con el viejo habilidoso:

miércoles, 8 de abril de 2009

Arena y agua - Parte II: El viaje

Comenzó en una cena memoriosa, y terminó en un viaje memorable a las playas del aquí y ahora. Con el amigo Mario al volante , El Flaco de acompañante de "Cabalén", las canciones de asalto de The Mamas and The Papas y las ruteras de Busco mi destino, comenzó el viaje y la continuación de una charla que empezamos en 1968.
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Ya por Las Armas estábamos entrando en nuestro presente inquietante de toreros debutando en el último tercio de su corrida por este mundo, pensando dónde librarlo y cómo pasarlo.
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En Mar de las Pampas, buscamos a Liliana -vieja camarada de ruta-, instalada desde hace muchos años en el bosque para pintar y esculpir , pero nos recibió su "rope", una versión en esteroides del legendario Albóndiga, a la que Mario trató con mucho respeto, hasta que logramos convencerlo de que dejara el banco de plaza a los candidatos a jubilados.

Liliana no apareció, lo que nos dejó el resto de la tarde para dar una recorrida por los alrededores de su bulo rumiando las alternativas de plantar bandera definitiva en alguna parte de este lado del mundo -para Mario preferentemente con bosques y playa, para mí a tiro de un buen aeropuerto- y el bosquecito de Mar de las Pampas pareció tan acogedor como los médanos geselinos en los que nos ocultábamos de la partida.
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Hippie o pashá? Adiviná...
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La carpa contemporánea resultó ser una confortable cabaña con el indispensable asador, y las dos sillas para la amistad que reclamaba el amigo Thoreau. La tercera, para la sociedad, quedó afortunadamente vacía.

Allí, mientras caía la tarde, llegó el asado y los pensamientos se dirigieron hacia los cruces Las Armas y los Madariagas que vemos acercarse en nuestras vidas.
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Revisando la escena en el café
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Los amores, desamores y pasiones de los años mozos comenzaron a palidecer junto al descubrimiento de lo que habíamos aprendido de nosotros mismos tratando de mantenerlos vivos, olvidarlos o aprender a evitarlos.
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Bastó evocar qué difícil es que la vida real pueda sostener la intensidad de las ilusiones con las que jugamos nuestras escenas del bar de La Tregua creyendo que la vida era algo más y que esta podía ser la última oportunidad.
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Recordamos con nostalgia la emoción y con doloroso realismo la inevitable, evidente fugacidad de esa felicidad lírica que pocos -por ella dichosos y desdichados- experimentamos en la vida al "declararnos" -esa fórmula cyranesca y pre-psicoanalítica de desnudar el alma que usábamos en nuestros años mozos-
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Nada como un trago al atardecer junto al fuego en un bosque con ruido de pájaros y viento para que aclare por dentro.
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Volvimos conversando, lentamente, y yo me quedé pensando antes de tomar otro avión esperando otra vuelta.
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Durante el vuelo de vuelta, como los pescadores sueñan con la pesca, soñaba con una larga ruta recorrida en la libertad de la amistad y disfrutando el camino.