miércoles, 5 de octubre de 2011

Agua y Arena 2 - Expedicion a la Banda Oriental



Tras una madrugadora travesía de ferry y ruta costera, llegamos a Dos Lunas justo a la hora de almorzar bajo el coro de batitúes y el sobrevuelo de los gavilanes residentes.

Fue una casi semana de charla, escritura, lectura, exploración de la playa solitaria y fogones, recordando otros mucho tiempo atrás en la memoria.



No faltaron las dos sillas que Thoreau recomendaba para la compañía



Ni las otras más en La Huella para avistar otros visitantes que llegaban con los deshielos de primavera, y mezclarse con los comerciantes del lugar preparando sus redes para los tres meses cortos de pesca de turistas.


El proceso de orientalización sigue en marcha, y seguiremos yendo por más.

sábado, 16 de abril de 2011

Los chicos de Julio Verne


Entre los lectores de los libritos de lomo amarillo con ilustraciones de Max Trell y Harold Foster de la Colección Robin Hood eramos dos especies: los lectores de Julio Verne (y Jack London, H.G. Wells, Kipling, Hudson, Darwin -el del viaje del Beagle-, Guiraldes y Quiroga) y los lectores de Salgari.

Los que seguían a Sandokan en sus luchas contra el imperialismo británico saltando sable en mano para inmolarse en un baño de sangre propia y ajena en las cubiertas enemigas en nombre de la revolución garibaldina y haciendo cabriolas atléticas a lo Erroll Flynn eran una especie y los que seguíamos a los científicos y caballeros franceses y británicos de Verne haciendo triunfar el intelecto sobre la fuerza bruta (muy bruta) de los políticos y sus gobiernos cuya mediocridad depredadora aborrecían por igual el capitán Nemo, el profesor Aronax, Robur y los profesores que se internaban para viajar al centro de la Tierra éramos de otra.

Y en la vida, ha seguido siendo así. Sanchos Panzas y Quijotes. Peritos Morenos, Ameghinos, Barenboims y Piazzolas de un lado, Fortabats, Guevara Lynchs y Lugones por el otro.

Yo me sigo anotando (e interesando) por héroes que usan las neuronas y creen en el progreso mediante la razón (esa diosa violada y olvidada en tantos pagos por los Talibanes postmodernos) que imaginando nos transporta a mundos mejores y nos permite construírlos: estoy -como estuve siempre- con las vueltas al mundo en 80 días, las odiseas submarinas o subterráneas, prehistóricas en las que el triunfo no es la aniquilación o la dominación sino el descubrimiento y el viaje imaginario.

Que es lo que disfrutamos los chicos de Verne (el otro Julio -Cortázar- incluído) a quienes nos gusta tanto la ciencia como la ficción. Y mucho más combinadas.

Y sé que ustedes también.

Aqui algunas palabras de Verne, cerrando su versión de la Odisea en el siglo 19, al salir del viaje al Centro de la Tierra:



Y el relato durante el viaje en el Nautilus, donde Nemo toca Bach en el clavicordio mientras Aronax escribe su relato para todos nosotros



O cuando Sebastian Cabot recibe una demostración de la máquina del tiempo en la versión de la novela de Wells, ese Verne de habla inglesa, donde se combina el entusiasmo por la tecnología con el anhelo de volver atrás el tiempo -que Bioy (otro chico de Verne) contaría nuevamente como "La Invención de Morel"-:


O cuando con el mismo espíritu, el naturalista darwiniano y el capitán corsario que viajan a las Galápagos en el film de Peter Weir "Master and commander" tocan Boccherini entre batalla y batalla en su nave, sumarizando el espíritu Verniano de combinar arte, ciencia y aventura



Y aquí, les dejo una visita (en francés) para espiar la casa y el mundo donde Verne escribió sus relatos para todos nosotros, sus agradecidos chicos.



lunes, 7 de marzo de 2011

Fogones de Almendra



Y después de enviarle la canción a Estela me entró una tormenta de los años de Almendra, que tocaba para nosotros, los que a los "sub 20", escuchábamos "Figuración" mientras veíamos las muestras de De la Vega y Macció,

Cantábamos y soñábamos a nuestras hermosas, independientes y soñadoras muchachas



Nos preparábamos sin querer para las prematuras despedidas de algunos, soledades de otros.



Entonábamos muy bajito plegarias para los futuros niños que dormían dentro nuestro



Celebrábamos el insomnio juguetón de Ana



Las Almendras de nuestra adolescencia siguen perfumando para mí muchos rincones de Buenos Aires, y de la memoria de las cosas que aún espero sacar de la vida.

Prendo el fogón para todos.

Estela va



Hoy Estela me avisa que el 15 de Marzo se muda a su nueva casa en Colpayo, tras una vida en el Hogar Obrero en el que crecimos.

Y no puedo menos que recordar con emoción la canción "Laura va", del Almendra de los años en que tomábamos juntos el subte, vestidos como señorita y caballero (minifalda con impecables tacos bajos de los sesentas, blazer, corbata y paraguas) hasta la mítica calle Corrientes para ver alguna película francesa en el Loire.

Yo me fui temprano, y me he seguido mudando -muchas veces contra mi voluntad- cada 3 o 4 años, convertido en un gitanillo errante.

Estela se quedó de puntal de padres, hijos y familia.

Hoy deja atrás su casa familiar de 50 años y se va a "su" casa nueva.

Me viene a la mente Neil Armstrong -al que escuché por radio sentado en una piedra y mirando la Luna en directo desde un campamento en Tandil, con amigos que me presentó Estela- dando su pasito corto por todos nosotros.



Y aquí van algunas fotos de la primer casa de Estela:



Un abrazo, amiga.

domingo, 6 de marzo de 2011

Volviendo al pago - La cucha para escribir



Tras la introducción del Mudo, comienzo:
Como el que se fue sin que lo echaran, como los novios y los cobradores, aquí estoy, aterrizado de nuevo en Buenos Aires. Me la llevo a Marzo, como ven, a contramano de los que hacen fila para pasar los carnavales en otra parte (se agradece), aterrizado tras 20 horas de viaje en las calles vacías del domingo para -tras un par de porciones de Guerrín y unas 5 horas de recupero de sueño- ver a Messi en el Barcelona y dar unos pasos -siempre vacilantes- en una nueva dirección.

Se trata de -agárrense- escribir en serio. Empiezo en Abril un curso con Gotham Writers, del New York Times, para escribir artículos -otra que se agrega a las finanzas en Chicago- y -más importante-, descubro lo que viene a ser este bulo al que -considerando sus espaciosos 44 metros cuadrados- bautizamos apropiadamente "La Pulga".

Se trata de algo que los anglosajones -que hablan mucho menos pero entienden mucho más- llaman un "writing hut", es decir -traducción de mi sentido mediante-, una "cucha para escribir".

Que es lo que estoy haciendo ahora antes de volver al sobre.
Claro, ya sé, comenzar por la cucha para escribir es como comprarse una pelota siendo un patadura. Bueno, por algo se empieza -incluso los que, como el suscripto, se despabilan un tanto tarde-

Abajo, unas fotos de las cuchas de algunos escribas famosos y un enlace al articulejo que me alertó.

Aquí la del amigo Thoreau -nuestro "abuelo maldito"- con sus tres sillas: una para la soledad, dos para compañía y tres para sociedad-

Y la de Bernard Shaw, con escritor incluído

Bueno, ya veo de qué se trataba cuando -contra todo principio de logística (ni Thoreau ni Shaw se mandaban 8,000 kilómetros para llegar a sus cuchas) y finanzas-, adquirí La Pulga.

Fue -curiosa causalidad, carne de diván- flechazo a primera vista: el primer depto que vi -en ese momento decorado con un espejo y un sofá solamente- de una serie que puntillosamente visité en 2005, cansado de pelear con los murciéloagos en la casa de mis viejos en Sarandí y con los cambios de departamentos alquilados con la que inicialmente la reemplacé.

Se ha portado bien, cumple con las reglas del arte -que ahora me han sido reveladas-: distancia mínima (tres pasos tres) del sofa a la mesa de escribir, de la mesa a la cocina o el catre, biblioteca a proa, impresora a babor, delivery de provisiones a estribor(teléfono), bar a popa.

Y como si fuera poco, 8,000 kilómetros de distancia de las interrupciones no deseadas, pocos pasos de las interrupciones que deseo, es decir, ustedes.

Llamen, desgraciados, asi pongo el agua para los ravioles. Y prueben.

Tengo al menos tres sillas y un mantelito y un buen mazo para truco.

Aqui los dejo con unas imagenes de mi cucha -como cerraban los noticieros del cine-

martes, 11 de enero de 2011

Maria Elena Walsh sigue cantando dentro nuestro



Nadie como Maria Elena Walsh ha dicho lo que dicen por y para mí vida personal estas dos canciones que compuso con una distancia de 30 años.

En Serenata para la Tierra de Uno, me explicó antes de vivirlo las razones contradictorias por las que vuelvo al pago.

Como la Cigarra me acompañó cuando me encontré primero enterrado y luego exilado por razones absolutamente personales y no políticas

Entre las dos canciones y los 30 años que las separan, canté a mis hijos chicos el Twist del Mono Liso y cómo al Este y al Oeste llueve y lloverá una flor y otra flor celeste de jacarandá.

Esta increíble persona, que tenía ojos y mirada tan liricos como su poesía , nos hizo personas a todos y sigue cantando dentro nuestro, con su voz triste y afinada, sin estridencias operísticas, las profundas verdades intimistas que brotaban del manantial de talento que llevaba dentro y con el que me contó cosas que sólo yo sé y nunca, nunca, olvidaré.

Nos seguimos viendo en las calles y plazas de Buenos Aires.

jueves, 6 de enero de 2011

Cine entre Uruguay y Buenos Aires



Allá en José Ignacio ví Dos Hermanos, una joyita de Daniel Burman con actuaciones extraordinarias de Graciela Borges y Gasalla, recomendada por el amigo Mario y que a mi vez recomendé a Alejandra (aunque supongo que "en Europa no se consigue", según el aforismo inmortalizado por el filósofo "Ratón" Ayala)

Hablando con Alejandra me dí cuenta que -además- la película hablaba de nosotros como hermanos, en los roles cambiados. El callado y talentoso artesano de Gasalla, que cuida a su madre y luego encuentra su lugar en el mundo cruzando el río a puro labrar objetos, cocinar risotos e improvisar en medio del Edipo Rey es claramente Alejandra.

Y yo me identifico con la impetuosa y luego introspectiva Graciela Borges, que pasa de los negocios inmobiliarios a los afectos fraternales y descubre también un final de juego para ella.

En el tercio final de la vida, el minimalismo y la concentración en el sentido que tan ejemplarmente muestra Gasalla en su improvisado monólogo intercalando humor y sutileza en medio de la grandilocuencia del Edipo Rey me atraen cada vez más.

No es fácil aprender a hacer hablar a los silencios, pero qué poderosos que son...

Aqui los comentarios de Borges y Gasalla

Y aquí los de Burman

Y una espiadita del rodaje

Buenos Aires, ciudad liberada



A la vuelta de las playas uruguayas, me encontré con la Buenos Aires que más me gusta: una suerte de inmenso balneario liberado de bañistas partidos a invadir las playas que había dejado en paz.

Una ciudad con sitio en los restoranes, en la que a la mañana se puede ver desde la Torre de los Ingleses la Pirámide de Mayo caminando Reconquiesta (noto con sorpresa los extraños ecos de Ingleses, Reconquista y Pirámide de Mayo) , despojada de cortes y piquetes, magra de basura, llena de gente que no habla castellano ni sabe dónde está.

Una Buenos Aires en la que me puedo encontrar perdiéndome en las calles ahora reconocibles.

Una Buenos Aires que me recuerda a la París liberada encendiendo sus luces en una vieja película (la última) de René Clement:


En donde me imagino campanazos del Cabildo anunciando que -por unos meses- se respira libremente y se encienden las luces en el atardecer para festejar la belleza de la libertad -esa palabrita censurada por el "progreso"- y sentir el viento suave de la tarde y las lluvias inesperadas que se dejan disfrutar desde una mesa junto a la ventana de La Paz. (vaya nombre, no?)

Claro, eso sentí durante los años del onganiato, el videlato y el galtierato. Y ahora me doy cuenta que también...

Seguiremos soñando con las campanadas y el aire fresco, aunque sea por unos días.