El título de
esta entrada de nuestra bitácora lo puso mucho tiempo atrás Santiago Lazzati,
contador de profesión y socio de Arthur Andersen, interrumpiendo con una
sonrisa una larga intelectualización de su consultor en management, un conocido
psicólogo organizacional que dejare en Luis. Santiago -famoso por su talento
para hablar claro- lo corto diciendo con ternura: "pero Luis: es lindo
coger".
Me quedo
esa definición para siempre, y después de ver Good Luck to You, Leo
Grande, una joyita con la incomparable -e irresistible- Emma Thompson,
me parece obligatorio.
El film transcurre
en un cuarto de hotel, en cinco (creo) encuentros sexuales entre Emma, que hace
de una profesora de secundario viuda de sesenta y tantos que ha estado casada
31 años sin tener un orgasmo y un escort masculino que se hace llamar Leo Grande
(ambos comienzan usando nombres falsos) y que ella ha contratado para un encuentro
por Internet.
El film es en realidad una mini obra de teatro, y una pequeña obra maestra que te debe haber gustado tanto como a mí, amigo Mario, y que creo también le gustara a los que comparten este diario imaginario. Ya me dirán seguro.
Lo primero
que me fascino de este film hecho por mujeres _actriz, directora, guionista, música
y equipo técnico (el único varón es el magnífico Daryl McCormack que hace de
Leo) es como revalúan el coger como un acto de intimidad y de cariño, de relajación
y de reconfortante desnudo personal en compañía.
En ingles americano, coger se usa como insulto devaluado: “I don’t give a fuck” rebaja la nobleza del coger al “fuck” como un mero acto fisiológico. “Fuck” es algo sin valor y como verbo se usa como sinónimo de fallar, arruinar, estropear. Hasta el “ándate a la mierda” se transforma en “fuck you” que en castellano seria hacerse una noble paja. Y también al insulto visual de un dedo mayor erguido solitario en un puño cerrado.
Y el “fuck”
se reduce a “echarse un polvo”: “Slam, bang, thank you m’am” dicen
los sureños.
En cambio, aquí…
Leo no es un “taxi” sino un compañero de juego, que es
lo que hace que Emma, después de 31 años de “polvos” pueda finalmente coger -o
como dice ella en su lenguaje profesoral, tener su primer orgasmo-.
Emma tiene toda clase de complejos, miedos y desilusiones, pero un deseo postergado y el valor para tirarse a la pileta.
Leo tiene otros, que descubre en el camino.
De un encuentro pasan a cinco, que son los títulos de los actos de la obra, en la que el coito llega para Emma al final y tendida en la cama después de “terminar” con Leo mientras este le prepara un trago de agua y antes de otro entrevero.
Pero Emma y Leo cogen
todo el tiempo durante sus encuentros, desnudándose y tocándose por dentro con
gestos (que tal un beso en la mejilla de ella, una caricia en el brazo y el
pecho de el and so on) y con palabras francas y sentidas de los que miran para atrás
y para adentro.
Los dos se relajan de a poco y se van entregando a medida
que cogen con la mente y con el cuerpo.
Al final, ambos encuentran placer juntos y resuelven
algunos de sus problemas quedando satisfechos más allá de sus planes.
No hay romance, pero hay un final feliz para los dos.
Quien nos quita lo gozado, que como diria mi tio Paco, vive de lo que tenemos enterrado.
El film termina como el buen teatro con una catarsis.
Que es el mejor sinónimo de una cogida.
