viernes, 18 de agosto de 2023

Volver a los 17

  

"La adolescencia es la patria del hombre" me dijiste alguna vez, amigo Mario, y me pareció exagerado.  Claro, era una de esas veladas hasta la madrugada filosofando y divagando en nuestro "bunker" de Marcelo T., ese pequeño templete que hicimos para la diosa Amistad (que por supuesto tiene que ser mujer)

Claro, apenas tenia cincuenta y tantos y vos ya andabas pensando adelante despues del golpe de la muerte súbita de tu hermano menor, que te dejo avisado y sabio para siempre de lo que decía Horacio en su Carpe Diem: 

No pretendas saber, pues no está permitido,

el fin que a ti y a mi, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.

Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos escollos.

Sé prudente, filtra el vino
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy. Captúralo.
No te fíes del incierto mañana
.

Llevo 70 años entender todo lo que querías decir.  

Hoy escribiéndonos con Gerardo, mi otro amigo intimo de esa época me doy cuenta que esa amistad temprana, nacida de la inocencia ilusionada de la adolescencia, opera ese mágico retorno al estado de gracia de los 17, no importa el tiempo.

Y ya que estamos, quiero creer que cuando eso ocurre estas ahí, están todos los que se hicieron la rata de esta vida, mirando juntos el fuego de un fogón que solo se apaga cuando nos vamos del todo, que solo es cuando no queda nadie que recuerde lo que sabemos.

Y no para recordar el pasado -ese que siempre mejora con los años como los pescados en los cuentos de los pescadores- sino para volver a jugar en el arenero de la imaginación, que también mejora con el tiempo. Esa, claro, es la diferencia entre el álbum de fotos y una noche de charla a los setenta (se aceptan jovenes viejos de todas las edades) con el entusiasmo y la imaginación desatada de los 17.

Carpe Diem

jueves, 6 de julio de 2023

El fuego

 


Mi mente y mi corazón se levantaron presocráticos esta mañana (referencia medio -pero solo medio- boluda para filo-filósofos como el que escribe) y paso del aire y las nubes a mi pasión por el fuego.

Debo ser gato en una vida anterior (y espero que en 9 reencarnaciones) porque como mi  extrañado Pisco me fascina hacer fuego. Soy definidamente pirómano, pruebas al canto.





Mientras lo vemos danzar en mis hogares y fogatas, recuerdo a Gaston Bachelard de antes que se volviera marxista, cuando era filosofo sin religión o mas bien, como el que escribe, animista:

Aqui va la cita de mi asistente AI 

El libro "El Psicoanálisis del Fuego" (Le Psychanlyse du Feu) fue escrito por Gaston Bachelard, un filósofo y crítico literario francés, y publicado por primera vez en 1938. En este libro, Bachelard explora el simbolismo y la significación psicológica del fuego a través de una lente filosófica y psicoanalítica.

Bachelard argumenta que el fuego, como elemento natural y fenómeno universal, tiene una profunda influencia en la psique humana y en nuestra percepción del mundo. Examina cómo el fuego ha sido un símbolo recurrente en la historia, la mitología, la poesía y el arte, y cómo ha sido utilizado para expresar emociones, conceptos y experiencias humanas.

El libro se estructura en una serie de capítulos temáticos que exploran diferentes aspectos del fuego. Bachelard analiza el fuego desde diferentes perspectivas, como el fuego como elemento purificador, como fuente de luz y calor, como elemento destructivo y como símbolo de transformación. También explora la relación entre el fuego y la imaginación, y cómo el fuego puede ser una metáfora de la creatividad y la pasión.

A través de su análisis, Bachelard examina las asociaciones y conexiones simbólicas que se han atribuido al fuego a lo largo de la historia y reflexiona sobre cómo estas ideas influyen en nuestra comprensión del mundo y en nuestra relación con la naturaleza. Además, utiliza el enfoque psicoanalítico para explorar las asociaciones inconscientes y los significados personales que el fuego puede tener para los individuos.

En resumen, "El Psicoanálisis del Fuego" es un libro en el que Gaston Bachelard examina el simbolismo y la importancia psicológica del fuego en la experiencia humana. A través de una combinación de filosofía y psicoanálisis, Bachelard explora el fuego como un fenómeno universal y analiza su impacto en nuestra percepción del mundo y en nuestra vida psíquica.

El AI no cazo el punto central del libro: ya no se habla del fuego ni en física ni en Filosofía. Y decía Bachelard,  más escritor que filósofo dogmático, es una pena.

Veamos bailar las llamas, sintamos su calor acariciarnos el cuerpo, acurruquémonos, abracémonos (solos? buscar gato o almohadón), oigamos el crepitar del aire y la savia que vuelven, como nuestro espiritu, a juntarse con el cielo, las nubes, la noche o el alba.

Las Nubes

 

Quizá la nube sea no menos vana
que el hombre que la mira en la mañana.  

Asi terminaba Borges un poema dedicado a las nubes. Yo, que mas que vereda y barrio en la infancia tuve campo (Ranelagh), he dedicado siempre mucha atención a a las nubes, como recordaba mi madre Gladys cuando me seguía a la escuela con la valija que me había olvidado en el ascensor del Hogar Obrero, ahí por los años cincuenta.

Crecí, me hice consultor de management, aprendí (y enseñe) administración del tiempo, PERT, proyectos, presupuestos y todo pero nunca deje de adorar mis nubes.


Las llevo conmigo, de fondo de mis laptops y desktops y me paro como buen paisano a mirarlas


Nadie las pinto como Georgia O'Keefe salvo el cielo de Rio Tercero, Córdoba, allá por 1958.



Como pibe criado a campo y acampante vitalicio, las nubes son mi referencia del día, del tiempo y de mi animo. Me nublo, me despejo, disfruto la lluvia y las tormentas en carpa o junto a un fuego (pero no me voy a ir de tema)

Un cielo sin nubes es como un campo sin arboles, como una cara sin arrugas. No me dice nada.

Eso si, me siento o paro a mirarlas en un lugar seguro. Esa ya la aprendi :-)


Nuestro Rincon Filosofico

 


Para mi elección de mobiliario del living seguí al arquitecto Thoreau 😉

“Tenía tres sillas en mi casa, una para la soledad, dos para la amistad, tres para la sociedad

Y así arme el living de Marcelo T. de Alvear: dos sillas para la amistad presididas por El Filosofo de Petorutti -que rescate de un remate allá por los finales de la crisis del 2002-, 

rodeado de fotos de amigos y amores (que difícil e inútil intento de separar lo inseparable) y de juguetes para bromear sobre la mesa de cafe: la alcancía de Marx (Das Kapital), la bola magnética para revolear decisiones importantes, gorritas escondidas, gatos.

Ahí es donde pasamos desveladas -mas que noches o veladas, porque esas eran horas de vigilia, esa vigilia divertida que es la conversación como juego de dos que se pasan la pelota de un pensamiento, un chiste, un recuerdo o la construcción de un disparate a lo Seinfeld- 

Ahora he invitado a una selecta coleccion de invitados para ese uno a uno: los que reciben esto individualmente.

Son mi elenco. Nunca juntos. cada uno/una con su tiempo y lugar por separado para las dos sillas y las desveladas.

Probemos.








martes, 20 de junio de 2023

Morse o el encanto de los 60

Te conté y mande fotos de como disfrute mi tiempo en Oxford, caminando calles empedradas con librerías con cajones de fruta en la calle y poblada de estudiantes trabajando de mozos y mozas para pagar sus alquileres. Pare en una encantadora pensión sin conserjes con cuartos con chimenea sobre una bicicletería. Pero te cuento más otro día.

Que decirte mis sorpresas cuando me encontré con ese Oxford que camine de arriba a abajo -una ciudad chica, un "college town") en una serie británica en Netflix (o alguno de esos cines digitales de nuestra Lavalle de ahora) llamada Endeavour -por el apellido de su protagonista, el detective Morse Endeavour, un estudiante doctoral que deja las tocas por la brigada criminal-) que -además del placer de los actores de carácter y las alusiones y guiños literarios y musicales- me trajo muchas reflexiones sobre nuestros años sesenta y tempranos setenta, cuando nos conocimos.

Primera sorpresa: me gusto una serie. No soy lector de novelas (cuentos antes, sonatas antes que sinfonía, trios o quintetos antes que sinfónicas o big bands) pero quede atrapado por la estructura del relato que -bajo un barniz policial impecable- pasa de Agatha Christie a Chesterton y porque no Borges y Bioy Casares. Tres capítulos por temporada, cada uno un acto de teatro: primero, segundo y tercero con cierre como el Bardo del Avon manda.

Segunda sorpresa: los personajes -todos, hasta los secundarios y los criminales y victimas- son personas, no personajes, con carácter, ideas (buenas o espantosas), planes (diabólicamente y humanamente fallidos) y sobre todo ¡dilemas éticos! Te acordas? Como nosotros los no hollywoodenses ni youtubenses seres humanos. Esos que contas en tus novelas y yo en mis cuentos. Se mueven por deber, culpa y arrepentimiento, y se llevan lo que se labran, como en la realidad, sin la intervención de superhéroes. Los detectives tienen sus propios problemas y erran seguido actuando como lectores, espectadores y testigos de los dramas y problemas que descubren.

Tercera sorpresa: la elegante y poderosa fuerza dramática de la sobriedad cinematográfica: miradas, pausas, silencios, sonrisas y gestos de dolor, miedo, felicidad o angustia esbozados como La Gioconda. Manos y labios que no llegan a tocarse, abrazos reprimidos, sexo postergado por amor, amor interrumpido por sexo o alcohol. Ahí están Romeos y Julietas, Macbeths, y sobre todo muchos hermosos, defectuosos y humanos Falstaffs. La cámara cuenta sin moverse al pedo, encuadrando cada escena como un  Vermeer (si, se me va la mano, pero comprende mi sorpresa al encontrar estos Truffaut / Hitchcock en el desvan de los Smart TV y los insoportables culebrones digitales como Succession. Aguante!)

Epilogo (ya me gaste los tres actos): escucho las líneas que el personaje de mujer disfrazada de ninia de Mariel Hemingway dice al viejo adolescente Woody Allen en Manhattan: “no todo el mundo se corrompe, Woody”, al tratar de explicarle lo que es querer como para esperar.

Espero que la veas. O que la hayas visto con mis ojos prestados, amigo.

La seguimos.