jueves, 20 de diciembre de 2012

Después del cine: homenaje a Carlos Sorín


En este final de año me encontré con Dias de pesca,  una nueva y aun más minimalista película de mi director argentino preferido. Carlos Sorín, que explica su estilo y estética mejor que yo


Sorín arrancó su carrera y mi interés con una perla dedicada al idealismo trágico que mueve al cine, la literatura y la política con La Película del Rey



 Y la siguió con otra perla aún más profunda y despojada de gola histriónica, sus Historias Mínimas

 

 Y la deliciosa Bombon el Perro

 

Me gusta de Sorín su estética minimalista, su énfasis en el cine -la imagen, la música, los rostros, el diálogo auténtico, las pausas para pensar- en el vuelo sosegado de sus historias mínimas, que es el verdadero asunto lejos del "mensaje" y las abundantes formas de grandilocuencia que hundieron a Fabio de su inicio de copista de los 400 golpes (Crónica de un niño solo ya delataba con su título sentimentaloide la debilidad conceptual del director) y Ladrones de bicicletas (El romance del Aniceto y la Francisca) a los bodrios nacionalistas de los setentas como   Juan Moreira  y Nazareno Cruz, para terminar en patéticas elegías al lumpenaje -también copiadas de Scorsese y su Raging Bull- como Gatica.

Sorín también eludió el lugar común de la pose "progresista" que requiere la crónica social de la pobreza o la remanida recurrencia a los desaparecidos y sus desapariciones -siempre desde el seguro lugar de la canonización acrítica del guevarismo errepista y montonerista y el silencio a cambio de créditos del INCAA sobre sus responsabilidades en la inmolación evitable e inútil de una parte de nuestra generación.

Su cine es como los cuentos de Quiroga, Conti y Walsh (esos textos que no puede adulterar la reescritura oficialista de las urracas ladronas), una suerte de estilo Hemingwayano de hacer y contar cine.

Sorín se acerca cada vez más al último Bergman -el de Fanny y Alexander y Saraband- y a sus rostros y silencios elocuentes.

Qué más puedo pedir?

Otra.  

PD: Después de conseguir El Camino de San Diego -que me perdí-



 Aqui esta la version completa online:

Homenaje a las puteadas, los villancicos terapéuticos de Beirut-Aires



En este verano porteño de la Buenos Aires ocupada y sitiada, mis pasos de turista de la memoria van por los pisos de arriba de la calle -donde todavía viven los balcones de Baldomero, los cines olvidados y la arquitectura de Bustillo y Prebish a Mario Alvarez y Testa- esquivando pechazos, pisotones y motoqueros-kamikaze a ras de suelo.

Allí reina otra realidad, que encuentro tras encuentro del fin de año de este 2012 me recuerdan tiene a los porteños justificadamente cabreros.

El que mejor lo resume es el incalificable Peter Capusoto en este breve corto titulado justicieramente Ciudad del Orto, donde un ataque obvio a Macri se convierte en una disertación sembrada de puteadas a los que -multipartidariamente-  han convertido la planta baja de la Reina del Plata en "Beirut-Aires".


La puteada es un gran invento porteño que ahorra horas vacías de indagación psicoanalítica por una eclosión tan liberadora como un violento pedo y que -curiosamente- previene la violencia y la transforma en humor.

Aquí algunos ejemplos de maestros rupestres del género, como el doctor Tangalanga


O los jubilados porteños con buena memoria descargando justicieras puteadas multipartidistas 

Escuchando las puteadas liberadoras de los porteños que me rodean como los auténticos villancicos de nuestra caóticas fiestas de fin de año, sigo caminando por nuestra Casa Tomada...



que Julio había escrito sin proponerse una descripción de lo que lo alejó de Buenos Aires y que le había aparecido como una pesadilla, como aparece casi siempre la realidad a quien vive enamorado de una memoria.