domingo, 13 de febrero de 2022

Mi Hermano Mario

En estos días, de un modo que quisiera pensar no es casual, volví a encontrarme con un libro de Martinez Estrada que había leído cuando tenia 17 o 18 años, titulado El Hermano Quiroga, en el que Martinez Estrada cuenta de la hermandad amistosa -o la amistad fraternal, elijan el que mas les guste- entre el cuentista Horacio Quiroga y el ensayista Ezequiel Martinez Estrada.

Fue además en un sitio web que -oh coincidencia, musa del autoengaño- se llama Libros de Mario (y aquí lo pueden, lo podes leer desde donde te veo)-

La relectura me trajo inmediatamente el recuerdo de nuestra amistad, Mario -te escribo así porque te estoy hablando en Marcelo T en una noche de esas aunque  este en Florida en una tarde lluviosa (o quizás también por eso)-.

Lo que Martinez Estrada dice de Quiroga y su amistad me parece tan exacto que me sorprende aunque se suponga que lo lei hace 50 años. Es precisamente por eso, en realidad: en esos 50 años transcurrió nuestra amistad de jóvenes a hombres grandes que hacen planes interrumpidos por la partida inesperada de uno de ellos.

Acomodate bien en tu sillón frente al mío -sacando ese almohadón que siempre te molestaba- y lee estas pequeñas muestras:

Dice Martinez Estrada:

"El grado de intensidad, la absoluta objetividad personal y el desinterés que la ha caracterizado, exigirían para la palabra amistad una explicación harto sutil y difícil, sin que viniera a convertirse por ello mismo en otra limitación del concepto.

«Hermandad» es más precisa. "

Ya te veo sonriendo y bajando la mirada, te entiendo.

Y cita a Hernandez como yo te lo cite alguna vez diciéndote que si vos eras Cruz yo vendría a ser Fierro:

"Lo que Martín Fierro expresa diciéndole a Cruz: «Ya veo que somos los dos / astillas del mesmo palo»."

Ya ves, de esas mismas maderas estábamos tallados por la suprema ironía borgeana del Hacedor que es como bien noto Arthur Miller, seguramente un comediante. Y agrega:

"Nos ligaba que éramos «hermanos corsos», dos copias de un mismo tenor.  Hermano, además, porque me ofrendó en legado cordialísimo el bien inestimable de lo mejor que tuvo, y yo a él.

Quijote y Sancho, o Fausto y Mefistófeles: mucho había entreverado de esos personajes en él y en mí, y no sabría decir hasta qué punto lo era cada cual.

Pues su sentido de la realidad, del mundo pedestre que habitábamos en calidad de mamíferos supérstites de un cataclismo universal, era perfectamente absurdo. "

Pero también hubo una casa -para ellos en el monte Misionero,, para nosotros en la costa del Uruguay-. Una casa que el amigo mayor -Quiroga en aquel caso, el que te escribe en el nuestro- puso para reunirse con el amigo mas joven. En nuestro caso fueron dos: el departamentito de Marcelo T en Buenos Aires y Dos Lunas en Jose Ignacio, donde llevamos además a nuestras familias por separado.

Y no termina ahi la magnifica ironía. Le doy la palabra a mi alter ego Quiroga para que explique sus planes como te explicaba los míos cuando creíamos que nos volveríamos a ver tal vez por este lado del mundo, tal vez primero por Buenos Aires, cuando, ya vendida la casa uruguaya, te vinieras a recorrer conmigo las rutas yankees en el auto que compre precisamente para eso:

“Compartiríamos el programa de trabajos más que los trabajos mismos, y el descanso, honradamente ganado al fin de la jornada, sería nuestro salario. Nos prometíamos festines de Sardanápalo y Heliogábalo en veladas de música y lecturas.  

Piense ahora lo calmo, cariñoso y admirable de tener aquí un vecino como usted, con quien trabajaríamos sin hablar el largo día, para reclinarnos de noche en muelles sillones (los tengo muy cómodos) y hablar, entonces revivir el alma y los recuerdos que la constituyen en su casi totalidad, cuando se ha hecho ya su doloroso e inmortal deber.”   

Todo lo cual me lleva a pensar que, en efecto, hermano Mario, no nos conocimos sino que nos reconocimos del mismo modo que no nos encontramos (dos veces) sino que nos reencontramos. Y tal vez haya una tercera, la vencida, que por ahora escribo en ese cuento que vos sabes sigue en el mas aca del mas allá.

Quedan muchas cosas por decir, para seguir conversando, hermano Mario. En unas semanas estaré hablando de vos en tu jardín, como un fantasma yo también llevado por la pantalla -ese espejo que vive y por el que nos vinimos hablando también a lo largo de los años.-.

Esto es solo el inicio. Tiro la botella al agua, a esa corriente en la que seguimos encontrándonos.




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