Jacques Tati entro en mi vida cuando aun no iba a la primaria. Fue en el micro cine del Hogar Obrero de Rivadavia, un pequeño salon sobre la entrada de la calle Rosario. Allí algunas de nuestras madres -como llamábamos a las mamas de quienes jugábamos en una inmensa terraza sobre el techo del que era el supermercado de la Cooperativa socialista que construyo y manejaba el edificio de departamentos de alquiler.
No fue el único que algunas de nuestras madres cinéfilas eligieron para infectarnos de cine de arte para toda la vida. Llego con Marcel Marceau, Norman McLaren y cortos de directores desconocidos exhibidos en un proyector de 16 mm en latas que llegaban supongo - era muy chico para saber y muy tímido para preguntar- de alguna cinemateca como la que luego se instalo en el SHA.
Pero estos eran los años cincuenta y no teníamos television (eso llego después sobre el borde de los sesentas y nunca lo relacionamos con nuestro cine).
Nuestro cine de barrio, el cine Moreno, quedaba cruzando la calle Hidalgo y allí veíamos series de tres largometrajes en continuado, como se llamaba entonces a lo que se podia ver de 13 a 22 con un solo boleto y la suficiente ansiedad por escaparnos del mundo de la escuela matutina al de los cuentos filmados de Hollywood.
Pero Tati no estaba allí, ni siquiera en el "acto vivo" en el que algún comediante o interprete se sometía a las torturas de los silbidos, burlas y pataleos de los que veníamos a ver las películas.
Tati estaba en esa misteriosa salita y quedo desde entonces en mi imaginación como el modelo de lo que seria el Paris en el que vivían por aquel entonces mi tía Aurora y mi tio Julio que nos venían a ver en barcos de la marina mercante ELMA que por aquel entonces aceptaban pasajeros.
Mon Oncle, Mi Tío fue para mi un hermoso sueño de un barrio lirico donde había perros atorrantes, vecinos que charlaban en medio de la calle, caballos con carros y tíos distraídos y graciosos.
Había en el Caballito de mi infancia casi todo eso menos un tío Hulot o sus equivalentes. Mis tíos no vivían cerca y los que venían frecuentemente eran hombres grandes y serios que no se vestían ni caminaban en forma graciosa o creaban situaciones risueñas.
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