Comenzó en una cena memoriosa, y terminó en un viaje memorable a las playas del aquí y ahora. Con el amigo Mario al volante , El Flaco de acompañante de "Cabalén", las canciones de asalto de The Mamas and The Papas y las ruteras de Busco mi destino, comenzó el viaje y la continuación de una charla que empezamos en 1968..
Ya por Las Armas estábamos entrando en nuestro presente inquietante de toreros debutando en el último tercio de su corrida por este mundo, pensando dónde librarlo y cómo pasarlo.
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En Mar de las Pampas, buscamos a Liliana -vieja camarada de ruta-, instalada desde hace muchos años en el bosque para pintar y esculpir , pero nos recibió su "rope", una versión en esteroides del legendario Albóndiga, a la que Mario trató con mucho respeto, hasta que logramos convencerlo de que dejara el banco de plaza a los candidatos a jubilados.
Liliana no apareció, lo que nos dejó el resto de la tarde para dar una recorrida por los alrededores de su bulo rumiando las alternativas de plantar bandera definitiva en alguna parte de este lado del mundo -para Mario preferentemente con bosques y playa, para mí a tiro de un buen aeropuerto- y el bosquecito de Mar de las Pampas pareció tan acogedor como los médanos geselinos en los que nos ocultábamos de la partida..
Hippie o pashá? Adiviná...
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La carpa contemporánea resultó ser una confortable cabaña con el indispensable asador, y las dos sillas para la amistad que reclamaba el amigo Thoreau. La tercera, para la sociedad, quedó afortunadamente vacía.
Allí, mientras caía la tarde, llegó el asado y los pensamientos se dirigieron hacia los cruces Las Armas y los Madariagas que vemos acercarse en nuestras vidas.
Allí, mientras caía la tarde, llegó el asado y los pensamientos se dirigieron hacia los cruces Las Armas y los Madariagas que vemos acercarse en nuestras vidas..
Revisando la escena en el café
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Los amores, desamores y pasiones de los años mozos comenzaron a palidecer junto al descubrimiento de lo que habíamos aprendido de nosotros mismos tratando de mantenerlos vivos, olvidarlos o aprender a evitarlos.
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Bastó evocar qué difícil es que la vida real pueda sostener la intensidad de las ilusiones con las que jugamos nuestras escenas del bar de La Tregua creyendo que la vida era algo más y que esta podía ser la última oportunidad.
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Recordamos con nostalgia la emoción y con doloroso realismo la inevitable, evidente fugacidad de esa felicidad lírica que pocos -por ella dichosos y desdichados- experimentamos en la vida al "declararnos" -esa fórmula cyranesca y pre-psicoanalítica de desnudar el alma que usábamos en nuestros años mozos-
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Nada como un trago al atardecer junto al fuego en un bosque con ruido de pájaros y viento para que aclare por dentro.
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Volvimos conversando, lentamente, y yo me quedé pensando antes de tomar otro avión esperando otra vuelta.
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Durante el vuelo de vuelta, como los pescadores sueñan con la pesca, soñaba con una larga ruta recorrida en la libertad de la amistad y disfrutando el camino.
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