sábado, 11 de abril de 2009

Conversaciones para fogón: El llamado de lo salvaje - parte I

Cuando pienso en cómo me fui a vivir a Chicago y lo que tuve que hacer para reinventarme a mí mismo durante 8 años, siempre pienso en un viejo documental de un viejo habilidoso, Dick Proenekke



Yo no tuve que cortar árboles con mis manos, pero sí "cortar cables" y montar una empresa sobre un cajón de cartón, una línea telefónica y unos pocos dólares que traje conmigo. Como el amigo del hacha, tuve que hacer solito lo que antes hacía con 12 o 14 más.

Mi "cabaña" era mi PC conectada al Internet con una Webcam. Mi hacha y cuchillo eran los programas con los que -solito- armé una nueva empresa, websites, atendí mis primeros clientes en España, Estados Unidos y casi toda América Latina.

Durante dos años viajé todos los meses a Madrid para montar una empresa combinada con toda Europa y dirigirla desde mi "cabaña" digital americana. Pasé casi un año en aviones y hoteles, conectándome con cables telefónicos con mis "armadas brancaleone" de colaboradores aislados en otras partes -de Madrid a San Francisco, de allí a Kiev-

Esto lo armé solo, 10 años atrás, filmando el curso con una cámara de control remoto mientras lo dictaba en Madrid con 10 personas conectandose además por Internet y coordinando con un coinstructor en Argentina mientras nos conectabamos por videoconferencia y un proyector en tiempo real. Yo cargaba en mis manos el control remoto de la cámara y un micrófono corbatero conectado a la laptop con el que desde Buenos Aires podían oir lo que se hablaba en la sala madrileña. Lo hice porque -como el viejo habilidoso- me la estaba jugando y no sabía que no se puede hacer...



Luego vinieron tiempos mejores, y comenzó la cosecha, pero cuando recuerdo esos tiempos, me viene siempre a la mente no la tecnología sino el tiempo que pasé de pibe leyendo fascinado a Verne y a Jack London, especialmente "El llamado de la selva" (que en inglés se llama correctamente "El llamado de lo salvaje")

Lo salvaje me sigue llamando, tengo nostalgia de mochila y de atardeceres y amaneceres con silencio y fuego crepitando en alguna parte.

Vayan preparando los borcegos...

Un abrazo

El Flaco

Una vueltita más por Alaska con el viejo habilidoso:

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