Buscando recuperarme de mi viaje en subte con el Eternauta me medique con un Eastwood reciente y vi de nuevo The Mule.
Volver a ver es una prueba acida perfecta. Despojado de la sorpresa, el gran cine se descubre ante los ojos memoriosos bajo la lupa del relato.
El viejo Clint ha evolucionado hacia la perfeccion del cuento: el Mulo es un pescador sin suerte, como el Santiago de Hemingway que brilla en su humor seco, se recupera de su fracaso y sus miserias frente a los ojos incredulos de sus mujer, hija y nieta volviendo con su pez entero para consolarlas y seguir viviendo.
Como Santiago y otros heroes del viejo Hem, el viejo Earl Stone no ha sido hecho para la derrota: la vida lo ha destruido patrimonial y fisicamente, pero no lo puede vencer. Earl ha aprendido a cuidar de los momentos fugaces como sus flores, y a cultivarlos con humor, aventura, galanteria y sobre todo, destilando su repertorio de padre y amigo. Earl rescata huerfanos en sus viajes: los narcos sin padre, los veteranos sin protector, el agente de la DEA que lo va a mandar a la carcel, su ex mujer, su hija y su nieta.
Es una muestra mas de este maestro sabio que sabe callar y mostrar cada vez mas con cada vez menos. Tomo notas mientras recuerdo las escenas de The Mule y las ultimas cinco o seis joyitas que ha venido entregando entre sus ochenta y noventa: Million Dollar Baby (2004), Gran Torino (2008), Trouble with the Curve (2012), The Mule (2018) y Cry Macho (2021) por contar solo las que actua su edad y muestra las dichas de ser hombre, padre y amigo -no necesariamente en ningun orden-.
Y nos deja tambien, amigo, las dichas que se pueden extraer de la edad si no se deja entrar al viejo -como explica la cancion con la que don Clint cierra el film y yo esta entrada en la bitacora.
Larga vida al buen cine, que nos sigue alentando.
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