lunes, 22 de octubre de 2012

Lecciones de Piazzolla



Estas son piezas de mi memoria: el bandoneon lucido y profundo de Piazzolla nos mostraba el mundo que teníamos en nuestras cabezas si pensábamos, bailábamos y cantábamos sin formar fila.

Baile Piazzolla cuando desaprendi suficiente tango como para bailarlo como un hombre libre, ciudadano inconsciente de mi ciudad rebelde y castigada por sus virtudes.

Lo explico en el ingles que aprendió en su infancia en New York (en la que era un premonitiorio canillita de Gardel



Y construyo la grandeza del instrumento que expresa a la vez nuestro corazon y nuestra cabeza en la Suite Troileana (en si un homenaje a su maestro que supo salir por la via del talento y el whisky de la mediocridad tanguera)

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Tuvo tiempo para recordar la elegancia y finura de De Caro

 

Y la grabo para siempre en el Adiós Nonino del sexteto del 69

 

Asi suena Buenos Aires para mi cuando la camino solo y contrariado

Aqui se las mando, -como siempre- caliente y apenado.

No se hacen mas bandoneones ni Piazzollas.

Pero quien te quita lo bailado.

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