jueves, 6 de enero de 2011

Buenos Aires, ciudad liberada



A la vuelta de las playas uruguayas, me encontré con la Buenos Aires que más me gusta: una suerte de inmenso balneario liberado de bañistas partidos a invadir las playas que había dejado en paz.

Una ciudad con sitio en los restoranes, en la que a la mañana se puede ver desde la Torre de los Ingleses la Pirámide de Mayo caminando Reconquiesta (noto con sorpresa los extraños ecos de Ingleses, Reconquista y Pirámide de Mayo) , despojada de cortes y piquetes, magra de basura, llena de gente que no habla castellano ni sabe dónde está.

Una Buenos Aires en la que me puedo encontrar perdiéndome en las calles ahora reconocibles.

Una Buenos Aires que me recuerda a la París liberada encendiendo sus luces en una vieja película (la última) de René Clement:


En donde me imagino campanazos del Cabildo anunciando que -por unos meses- se respira libremente y se encienden las luces en el atardecer para festejar la belleza de la libertad -esa palabrita censurada por el "progreso"- y sentir el viento suave de la tarde y las lluvias inesperadas que se dejan disfrutar desde una mesa junto a la ventana de La Paz. (vaya nombre, no?)

Claro, eso sentí durante los años del onganiato, el videlato y el galtierato. Y ahora me doy cuenta que también...

Seguiremos soñando con las campanadas y el aire fresco, aunque sea por unos días.

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