sábado, 16 de abril de 2011

Los chicos de Julio Verne


Entre los lectores de los libritos de lomo amarillo con ilustraciones de Max Trell y Harold Foster de la Colección Robin Hood eramos dos especies: los lectores de Julio Verne (y Jack London, H.G. Wells, Kipling, Hudson, Darwin -el del viaje del Beagle-, Guiraldes y Quiroga) y los lectores de Salgari.

Los que seguían a Sandokan en sus luchas contra el imperialismo británico saltando sable en mano para inmolarse en un baño de sangre propia y ajena en las cubiertas enemigas en nombre de la revolución garibaldina y haciendo cabriolas atléticas a lo Erroll Flynn eran una especie y los que seguíamos a los científicos y caballeros franceses y británicos de Verne haciendo triunfar el intelecto sobre la fuerza bruta (muy bruta) de los políticos y sus gobiernos cuya mediocridad depredadora aborrecían por igual el capitán Nemo, el profesor Aronax, Robur y los profesores que se internaban para viajar al centro de la Tierra éramos de otra.

Y en la vida, ha seguido siendo así. Sanchos Panzas y Quijotes. Peritos Morenos, Ameghinos, Barenboims y Piazzolas de un lado, Fortabats, Guevara Lynchs y Lugones por el otro.

Yo me sigo anotando (e interesando) por héroes que usan las neuronas y creen en el progreso mediante la razón (esa diosa violada y olvidada en tantos pagos por los Talibanes postmodernos) que imaginando nos transporta a mundos mejores y nos permite construírlos: estoy -como estuve siempre- con las vueltas al mundo en 80 días, las odiseas submarinas o subterráneas, prehistóricas en las que el triunfo no es la aniquilación o la dominación sino el descubrimiento y el viaje imaginario.

Que es lo que disfrutamos los chicos de Verne (el otro Julio -Cortázar- incluído) a quienes nos gusta tanto la ciencia como la ficción. Y mucho más combinadas.

Y sé que ustedes también.

Aqui algunas palabras de Verne, cerrando su versión de la Odisea en el siglo 19, al salir del viaje al Centro de la Tierra:



Y el relato durante el viaje en el Nautilus, donde Nemo toca Bach en el clavicordio mientras Aronax escribe su relato para todos nosotros



O cuando Sebastian Cabot recibe una demostración de la máquina del tiempo en la versión de la novela de Wells, ese Verne de habla inglesa, donde se combina el entusiasmo por la tecnología con el anhelo de volver atrás el tiempo -que Bioy (otro chico de Verne) contaría nuevamente como "La Invención de Morel"-:


O cuando con el mismo espíritu, el naturalista darwiniano y el capitán corsario que viajan a las Galápagos en el film de Peter Weir "Master and commander" tocan Boccherini entre batalla y batalla en su nave, sumarizando el espíritu Verniano de combinar arte, ciencia y aventura



Y aquí, les dejo una visita (en francés) para espiar la casa y el mundo donde Verne escribió sus relatos para todos nosotros, sus agradecidos chicos.



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