sábado, 18 de octubre de 2025

Cervantes y Shakespeare, admiradores de las quijotadas y abuelos del cine B


Con el amigo Gerardo nos enternecemos con los percances heroicos de los "losers", que, en su tierna locura, nos hacen reír de nosotros mismos. Del Quijote y Bottom a Ed Wood y a los Hrundi Bakshi, y a Clouseau de Peter Sellers, hay un solo, pero decisivo, paso.

La dignidad en el tropiezo —como el Chaplin de Tiempos Modernos que, en su arrobamiento por su primera choza conyugal, cae de cabeza en un charco— no solo nos hace reír, sino que nos reivindica a los que soñamos demasiado grande, pero que podemos reírnos de los porrazos.

Pero Cervantes y Shakespeare no reservaron la imaginación a los héroes, sino también a los antihéroes, a los cómicos esfuerzos por hacer una obra maestra de un bodrio y viceversa.

Allí está Tim Burton con su homenaje a Ed Wood



Y las inolvidables catastrofes del cine B de terror como Reptilicus, que nos hacian suspender la incredulidad con monstruos de goma


O el terror televisivo y el pulpo de goma de Narciso Ibáñez Menta


Aquí puse a mi asistente AI a explorar más otras asociaciones que se me ocurrieron y a analizar los resultados con mis muy personales parámetros.  El resultado -que requirió muy poca edición- se los comparto para estimular los pensamientos como toda buena divagación:

1. La risa que salva

Pocos gestos revelan mejor la grandeza de un creador que su capacidad de reírse con ternura de la locura humana. Ni Cervantes ni Shakespeare fueron burlones crueles; su humor fue médico, no sarcástico, curativo más que hiriente. Ambos descubrieron que la frontera entre la ilusión y el ridículo no destruye al hombre, sino que lo hace entrañable. En ese punto —entre el delirio del caballero andante y la torpeza del actor que recita mal su papel— se esconde la semilla de la modernidad: la autoconciencia del error.


2. El Quijote: la dignidad del disparate

En Don Quijote de la Mancha (1605–1615), Cervantes convierte al fracaso en una forma de nobleza. Don Quijote no deja de ser ridículo —un hidalgo que confunde molinos con gigantes—, pero el autor nunca lo humilla. Su humor es cariñoso y pedagógico: la risa enseña a distinguir entre los sueños imposibles y las ilusiones necesarias.

Cervantes logra un equilibrio entre compasión y crítica: nos reímos de las quijotadas, pero también nos reconocemos en ellas. Como señala Riley (1990), “la locura de don Quijote no es sólo un desvarío personal, sino una metáfora del anhelo humano de sentido frente al absurdo del mundo”.


3. Shakespeare: los actores que no saben actuar

En A Midsummer Night’s Dream (ca. 1595), los rudos artesanos de Atenas ensayan una tragedia absurda para la boda del duque. La escena de Pyramus and Thisbe es un festival de torpeza: actores que olvidan el texto, declaman mal y entran a destiempo. Pero Shakespeare no los ridiculiza; los trata con la misma ternura con que Cervantes trata al Quijote.

Ambos autores comparten el mismo afecto por la ingenuidad creadora. Los personajes fracasan en su intento de representar la grandeza —ya sea la caballería o la tragedia clásica—, pero en su fracaso hay belleza. Su ridículo es puro, porque proviene del amor al ideal. Como observa Bloom (1998), “Shakespeare nunca se burla del soñador: sólo del cínico que ha dejado de soñar”.


4. Tim Burton y la quijotada moderna: Ed Wood

Cuatro siglos después, Tim Burton reescribió esa tradición en Ed Wood (1994). El protagonista, inspirado en el peor director de la historia del cine, es un caballero andante de Hollywood. Como Don Quijote, confunde la grandeza con el decorado, y como los actores de Shakespeare, convierte el fracaso en una forma de arte involuntaria.

Burton filma a Ed Wood con el mismo cariño con que Cervantes describe a su hidalgo o Shakespeare a sus artesanos: un hombre torpe pero obstinado, cuya inocencia es más luminosa que su talento. En lugar de ridiculizarlo, lo celebra: la cámara de Burton, como la pluma de Cervantes, transforma la quijotada en un himno al idealismo.


5. Paralelo y síntesis

DimensiónCervantesShakespeareTim Burton
ProtagonistaDon Quijote, hidalgo lector de ficcionesLos artesanos que actúan Pyramus and ThisbeEd Wood, director fracasado
SueñoRevivir la caballeríaRecrear la tragedia clásicaHacer cine como Orson Welles
FracasoConfunde molinos con gigantesRepresenta mal la tragediaRueda películas imposibles
Tratamiento del autorCompasión y ternuraHumor benevolenteAdmiración romántica
MensajeLa locura es sagrada si nace del idealEl ridículo es arte cuando hay amorEl fracaso es éxito cuando es sincero

Los tres celebran la quijotada como forma de resistencia moral. Reírse del soñador sería negarse a soñar; acompañarlo en su delirio, en cambio, es reconocer nuestra propia necesidad de sentido.


6. Conclusión: la risa como espejo

Cervantes, Shakespeare y Burton comparten una misma ética estética: no hay arte sin error ni humanidad sin quijotadas. El humor no destruye el ideal, sino que lo humaniza. La risa que suscitan el caballero de la triste figura, los rudos actores atenienses o el cineasta incomprendido no es burla sino redención.

En todos ellos sobrevive una verdad profunda: lo ridículo es lo que nos une, porque sólo quien se atreve a parecer loco puede cambiar el mundo.


Referencias

  • Bloom, H. (1998). Shakespeare: The Invention of the Human. Riverhead Books.

  • Riley, E. C. (1990). Cervantes’s Theory of the Novel. Oxford University Press.

  • Burton, T. (Director). (1994). Ed Wood [Film]. Touchstone Pictures.

  • Cervantes Saavedra, M. de. (1605–1615). Don Quijote de la Mancha. Madrid: Juan de la Cuesta.

  • Shakespeare, W. (1595). A Midsummer Night’s Dream. London: Thomas Fisher.

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