A cierta altura del partido -lo que vos, amigo Mario llamaste Tiempo de Descuento- uno se detiene a leer sin el libro.
La relectura empieza en la memoria, o mas bien dicho en el recuerdo, que es algo mas activo y personal. Ese primer recuerdo nos trae lo que retorna ahora de lo leido, muchas veces sin que podamos recordar la fuente, o el libro o la pagina.
Y empezamos por el recuerdo, con palabras, ideas y sentimientos del ahora que nos traen lo leido como la magdalena de Proust en el cafe con leche.
No me gusta el cafe con leche, ni ese Proust -salvo esa escena-. Soy lector de vuelos cortos, de cuentos, de escenas de novelas, de argumentos circulares economicos en palabras.
Recuerdo una historia de Hemingway, que gano una apuesta con otros escritores, de escribir una historia completa en seis palabras. Escribio: For sale: baby shoes, never worn. ("Se vende, escarpines nunca usados" seria reducida a cinco palabras en castellano.
Una vez que tiramos de la linea para recobrar lo pescado, comienza la relectura sin el libro. Puede que nos invite a seguir tirando el anzuelo o que dejemos la linea en el agua de la memoria para despues.
Seguimos a lo pescado hasta la fuente, y alli buscamos entre muchas palabras lo recordado. Y en esa busqueda reconstruimos lo leido con nuestra experiencia posterior y actual. A veces nos gusta aun mas, otras nos suena menos atractiva en el ahora.
Me ha pasado con Rayuela, que en la ultima lectura me dejo en varias escenas como el arranque preguntandose por la Maga, para luego diluirse en dialogos demasiado llenos de referencias literarias y culturales como para no sonar como adolescentes de los sesenta jugando a los intelectuales.
Con los cuentos de Julio, en cambio, descubro mas a medida que los leo, Me pasa igual con Hemingway, Borges, Calvino, Chesterton, Mark Twain, Haroldo Conti, Quiroga, y la lista tan personal sigue porque a meduda que escribo releo para aprender la parte del tempano que queda bajo el agua.
Y releo casi todo el tiempo sin el libro a medida que leo algo nuevo, especialmente no ficcion, y a medida que escribo ensayos y papers.
Ahora, después de tres años de parálisis en una mano, me ha vuelto como al Grillo de Nale, las ganas de jugar y componer con palabras, de retomar (y releer, claro) cuentos y tal vez comenzar otros.
Dejo aqui la bitacora porque siento la boya hundirse en el agua.
La seguimos después.

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