lunes, 1 de diciembre de 2014

La tia Aurora


En los 62 años que separan estas dos fotos con mi tia Aurora cabe mi vida, pero apenas asoma la de ella. 

Su cariño y delicadeza conmigo nunca cambiaron. 

De niño ya mas grande, en esa casa de la calle Paraguay en la que vivia mi abuela Lola y que hoy es un coqueto restaurante, Aurora y Julio se aparecian tras sus viajes en buques de carga de ELMA con regalos tan fabulosos para mi como acertados: mi primer meccano, el primer tren electrico, las obras completas de Julio Verne.

Mas grande -como el que aparece a la derecha de la foto, charlando en una libreria de amigos en Madrid- disfrute de interminables caminatas con Aurora -siempre en sus tacos altos y caminando tan vigorosamente como cuando finalmente salio de este mundo- con tambien lamentablemente terminables comentarios de Aurora recorriendo la ciudad,  explorando exhibiciones del Canaletto o pasando horas en el Louvre, el Museo de los Expresionistas, el Pompidou  en las que sin ninguna pretension me contaba y explicaba la obra y los detalles.

Y finalmente pero no menos, las horas en cafes y sus habituales bistrots y su casa de Rue du Gal. Beuret en las que hacia desfilar en nombre de pila a los heroes de mi parnaso.

Hable por ultima vez con Aurora un par de semanas antes de su muerte. Como era habitual, nos la pasamos riendonos de las barbaridades escuchadas y leidas, particularmente las inefables burradas argentinas, de las que elegiamos invariablemente las candorosas ingenuidades de los hombres y mujeres comunes que queriamos y admirabamos dejando para una cita terminada en silencio las de los usuales usurpadores de tumbas de la progresia nacional, a la que detestabamos con genetico fervor.

En su ultimo viaje a Buenos Aires tuve la suerte de poder reunirla con los amigos de toda una vida que leen este Blog y tambien con quien Aurora compartio la idea de adoptar como miembro de la familia, el amigo y  bibliofilo Jorge Cao.

Cuando le preguente por su salud, me dijo:" Mariano, tengo 94 años en todas partes menos la cabeza, asi que se que una de estas madrugadas me la voy a perder"

Nos la perdimos nosotros.

Alejandra cuido que se siguieran sus ultimos deseo de que su proximo viaje fuese "de General Beuret a Montparnasse" y los muchos amigos ilustres y los mas sencillos -desde el chofer del taxi del barrio que la levanto de la calle a sus vecinos de 60 años en Paris- que pasaron a saludar a los de la familia y despedirla.

Para mi Paris sera siempre el barrio de mi tia Aurora.

Aqui va una pequeña muestra de Aurora a los 93, contando sus historias de Julio -el amor y la gran pasion artistica de su vida- con el amigo Vargas Llosa.


1 comentario:

Nada000 dijo...

Flaco: gracias por acercarme el privilegio de haberla conocido. Mi hija Julia lleva ese regalo para toda la vida. Aurora ha sido un regalo para toda la humanidad y aquello que ha hecho tanto con sus grandes amores. Cortázar y la cultura universal.
Tu amigo Mario