jueves, 20 de diciembre de 2012
Homenaje a las puteadas, los villancicos terapéuticos de Beirut-Aires
En este verano porteño de la Buenos Aires ocupada y sitiada, mis pasos de turista de la memoria van por los pisos de arriba de la calle -donde todavía viven los balcones de Baldomero, los cines olvidados y la arquitectura de Bustillo y Prebish a Mario Alvarez y Testa- esquivando pechazos, pisotones y motoqueros-kamikaze a ras de suelo.
Allí reina otra realidad, que encuentro tras encuentro del fin de año de este 2012 me recuerdan tiene a los porteños justificadamente cabreros.
El que mejor lo resume es el incalificable Peter Capusoto en este breve corto titulado justicieramente Ciudad del Orto, donde un ataque obvio a Macri se convierte en una disertación sembrada de puteadas a los que -multipartidariamente- han convertido la planta baja de la Reina del Plata en "Beirut-Aires".
La puteada es un gran invento porteño que ahorra horas vacías de indagación psicoanalítica por una eclosión tan liberadora como un violento pedo y que -curiosamente- previene la violencia y la transforma en humor.
Aquí algunos ejemplos de maestros rupestres del género, como el doctor Tangalanga
O los jubilados porteños con buena memoria descargando justicieras puteadas multipartidistas
Escuchando las puteadas liberadoras de los porteños que me rodean como los auténticos villancicos de nuestra caóticas fiestas de fin de año, sigo caminando por nuestra Casa Tomada...
que Julio había escrito sin proponerse una descripción de lo que lo alejó de Buenos Aires y que le había aparecido como una pesadilla, como aparece casi siempre la realidad a quien vive enamorado de una memoria.
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