En una pausa de mi escribir encontré al joven y al viejo Aznavour -ese Sabina con la sobriedad de los sesentas que sabia la diferencia entre romanticismo y curda- cantando en impecable castellano una gran canción de amor al misterio del amor clandestino entre jóvenes y viejos.
Amigos españoles y argentinos mayores que frecuento, afectos a los idilios y amores difíciles entre generaciones -que yo cultivo a la inversa- me han demostrado que el amor es siempre el amor de lo improbable, la negación de la resignación y adaptación a "lo que hay".
Así, recordando los días en que leíamos Hojas de Hierba con el viento de la juventud acariciándonos las caras, me vuelvo alanzar en los medanos de la memoria y a perder en la evocación de los que aun siguen esperándonos en su feroz virginidad en las playas de Mar del Sur y la Banda Oriental.
Aznavour me ayuda a disfrutar e imaginar verlos de nuevo, una vez mas.
Un saludo para todos los que -como nosotros- se han enamorado por las neuronas tanto mas que por las hormonas.
El Flaco
PD: vuelvo en Mayo, preparen los fecas
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