Cuando llego a Buenos Aires se que llego a mis mesas de café, esos paradores para mirar y pensar, para leer y arreglar el mundo entre amigos que tenemos los españoles y argentinos como segundos hogares y escuelas.
En mis cafetines porteños encuentro también las viejas conversaciones con gente que no está, y recuerdo cómo vi la vida pasar en otros momentos de la vida.
Si queda alguien para hacerse cargo, he pedido que mis cenizas sean arrojadas frente a la esquina de La Paz, mi café central.
Aquí, dejo a Camilo José Cela decirlo, obviamente mejor en La Colmena:
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