lunes, 17 de marzo de 2008

Hubo una vez un Di Tella

Se abrió en 1963 y nos abrió a muchos los ojos, y -más importante- la cabeza.

Yo estaba en la primaria cuando abrió la sede de Florida y me ilusionaba leyendo Primera Plana con happenings y minas como Nacha Guevara, Dalila Puzzovio y otras menos conocidas pero igualmente meritorias que podían estimular simultáneamente a mis hormonas y mis neuronas. He seguido toda la vida buscando y disfrutando de esa clase de mujeres, Dios y la Patria me lo demanden.

El Di Tella también me inició en la idea de que el arte puede -debe- a la vez expresar, rechazar y modificar la realidad. No la externa -esa es la excusa- sino la de uno. Destilarnos a nosotros mismos como un buen alcohol, hasta ser pura y exclusivamente lo que podemos ser y no quedarnos preguntándonos si esto era todo mientras se nos van apagando las luces en el camino de salida.



En el 68 vinieron -para mi- García Márquez con Cien años de soledad, Sábato con Sobre héroes y tumbas, Calvino con El Barón rampante y -levantando finalmente el telón- Cortázar con Rayuela

El Di Tella se convirtió en el árbol-símbolo donde nos podíamos subir como Cósimo. En la puerta de entrada al mundo a la vez adulto y juguetón de nuestras Magas y nuestras Amandas y sus cinco minutos para florecer.



Pasaron muchas otras cosas en Florida.

Pasaron encuentros y exposiciones que asaltamos con Mario y con Marito, con Duilio, con Adolfo, con Estela y Alejandra, Adriana y Tuti y Miriam y otras que la memoria protege con cariño.

Hubo Auditorio Kraft y Galería del Este. Hubo mucho Rubbers y sótanos con Wiskicius, Zitarrosa y Mercedes Sosa de a 5. Hubo cines escondidos con nuestros Brancaleones, Buenas Noches Alejandro, Deliverance, Cerezas Silvestres, Truffaut, Sras. Robinson, Zabrisikie Points y Easy Riders



con los que viajaremos para siempre por las largas y sinuosas calles que llevan hasta esa puerta.



Hubo Alejandra Pizarnik y hojas de hierba de Withman creciendo en Plaza San Martin para nosotros.

Nos tomamos el Gusanito con Jorge De la Vega, que sigue gusaneando y dibujandonos por dentro el dibujito.

Hubo Jorge Schussheim dandonos buenos consejos y guitarreadas que se prolongarían en la noche y en las playas. Hubo Il Musicisti y luego Les Luthiers.

Hubo Piazzolla y el quinteto, hubo Adios Nonino y también Reuniones Cumbre como fondo de memorables partidos de truco que me recordaste ayer, amigo Mario.

Todos esos y otros hermosos duendes entraron por las puertas del Di Tella, de Primera Plana y se instalaron dentro. Hoy muchos resplandecen colgados en las paredes del Malba y el Bellas Artes.

Todos resplandecen dentro mío cuando los miro.

2 comentarios:

Discepolin dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
El Flaco dijo...

Este es un ejemplo con mi cuenta de aqui